Con seis cerchas metálicas de cuarenta metros de luz y tres metros y medio de canto resolvemos las necesidades de un lugar para entrenamiento de remo y piragüismo. Una pieza oscura, hermética, sin una forma determinada, con huecos profundos de hormigón, prepara el terreno, en pendiente, sobre el que se actúa.
Dentro protegidos del calor, como en una cueva artificial recogemos el programa más privado del deportista. Dentro de la cueva duerme, se prepara para salir al agua, limpia y repara sus canoas, recibe instrucciones para depurar su técnica. Dentro, en sombra sigue presente el agua, de forma esporádica, por sorpresa va apareciendo en cada una de las fachadas, con distintas orientaciones y dimensión. Fuera, en una terraza artificial dando al agua, una base donde puedes hacer vida al exterior, donde nunca pierdes el contacto con el agua.