El proyecto recupera el centro de la ciudad en época romana, entendiendo el espacio público romano y su traza original, mediante un lenguaje contemporáneo y una tecnología acorde a nuestro tiempo.
El proyecto se resuelve mediante una pieza perimetral en forma de L, que con una sintaxis propia, cose el borde con la ciudad y libera una gran plaza alrededor del templo.
La estructura perimetral se coloca en el borde del solar, alejada lo más posible del templo, para conseguir la mayor superficie de plaza posible. La pieza vuela por encima del plano arqueológico, permitiendo de un modo natural el contacto entre el templo y la estructura urbana. La plataforma toma la cota del basamento del templo. En la zona de medianeras un muro perimetral da servicio y regulariza el borde, sirviendo de punto de apoyo de las cajas colgadas. Un sistema de volúmenes, flexible a los cambios del solar, van ocupando los espacios intersticiales, entre la L perimetral y las traseras de los edificios existentes, acogerán los usos futuros.
Toda la plaza será con una terminación en tierra, tipo jabre compactado o granito descompuesto, como era originariamente, sin tocar los elementos arqueológicos que deban ser respetados. La pieza en L se entiende como una piedra artificial, un hormigón blanco con una tonalidad semejante al del granito del podio del Templo y tendiendo siempre a un acabado más texturado parecido a la piedra original.